'No hay razones para temer que la Iglesia y sus miembros se impongan y limiten la libertad', dijo el Pontífice de 81 años en un discurso en el palacio presidencial Quirinale.
'(Los miembros de la Iglesia) también esperan que se les permita la libertad de no traicionar su conciencia iluminada por el evangelio', expresó, añadiendo que a los católicos debe permitírseles 'participar en la construcción del orden social'.
El Vaticano ha tenido a veces relaciones tensas con los gobiernos de izquierda en Italia debido a los temas éticos como las uniones homosexuales, la investigación con células madre y el papel de las escuelas católicas en el país.
La cúpula católica vislumbra más consenso con el primer ministro Silvio Berlusconi y su administración de centro-derecha, aunque el Vaticano ha expresado su preocupación por la política de inmigración del gobierno.
El Papa saludó a los fieles desde un coche abierto en el trayecto de un kilómetro y medio que une al estado del Vaticano con el palacio del Quirinale, donde fue recibido por el jefe del estado italiano, Giorgio Napolitano y se reunió con Berlusconi y su gabinete.
Napolitano dijo que las relación entre la Iglesia y el Estado en Italia era de 'respeto mutuo y colaboración', cuando el país se prepara para celebrar el 150 aniversario desde su unificación.


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