De no existir, urgiría inventar a José Luís Peixoto. Escribe artículos y reportajes, letras de canciones para grupos de heavy y cantantes de fado. Nacido en 1974 en Galveias, un humilde pueblo del Alentejo (Portugal), Peixoto es ante todo responsable de un corpus literario ya importante, que le ha convertido en la esperanza blanca —aunque el color, a juzgar por el carácter de su obra, debería oscurecerse— de la literatura de su país: teatro, poesía y narrativa que hurga en nuestros sentimientos más básicos, aquellos que nos zarandean e impulsan nuestro movimiento y que apuestan por regresar al medio rural antes que teñirse de gris entre cláxones y automóviles.
Renunciando a las mayúsculas
«El príncipe de calicatri sabía decir gracias en más de noventa idiomas; sabía decir soy el príncipe de calicatri en más de cincuenta idiomas; pero no sabía leer ni escribir». Los personajes de José Luís Peixoto aceptan el trueque y renuncian al currículum para hincharse de vida. Lo confiesa el mismísmo príncipe de calicatri: «Traigo dentro del corazón, como en un baúl que no se puede cerrar de tan lleno, todos los lugares donde he estado, todos los puertos a los que he llegado, todos los paisajes que he visto a través de ventanillas». De tan pobres en lo material, y apabullantes en lo existencial, renuncian a las mayúsculas para nombrarse, en uno de los muchos juegos que propone Una casa en la oscuridad, narración con aspecto de largo poema en prosa.
Presentar esta novela al lector como La noche oscura del alma o Locura de amor, en lugar de con su título original, no nos alejaría de su espíritu. Sus personajes, sus ambientes, no conciben la luz; marcados por la muerte y la tristeza, por la violencia —incluso ligada a la felicidad: el final del padre y la esclava madalena, la última frase del libro— y la desesperación, sólo cuentan con ellos mismos para salvarse, sólo confían en su imaginación como escape para la rutina.
«El amor es la sangre del sol dentro del sol». El amor, sí, el amor. Si utilizásemos un programa informático para enumerar las ocasiones en las que aparece la palabra, se nos colgaría al procesar semejante actividad. El amor, entonces, pero sobre todo la imaginación: Una casa en la oscuridad se guía por los sueños, se nos presenta como una enfebrecida declaración de amor —cómo no— a la literatura. La mujer a la que ama el protagonista, un joven escritor cuyo nombre desconocemos, crece en su mente y en su libro. ¿De dónde surgen personajes como el príncipe, el vizconde de dedodida, el violinista, el hombre gordo o la traductora? ¿Existen o no? ¿Ha creado Peixoto a un Quijote sin Sancho con miedos igual que molinos? «Lo humano es de lo único de lo que se puede escribir», declaró José Luís Peixoto al respecto de los argumentos que le mueven. ¿Qué respira más que el amor, el desamor, la soledad?
El Aleph / 284 páginas / 18 euros



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