El océano Índico está infestado de piratas. Los arrantzales vascos y los franceses calculan que alrededor de 40 barcos de bandidos navegan en estas aguas frente a Somalia y en aguas internacionales. La presencia de piratas no es, por lo tanto, ni pintoresca ni casual.
«Es un negocio redondo que provoca una cascada de secuestros», aseguran los arrantzales. Por eso, los patronos se están demorando a la hora de dar permiso a sus trabajadores para que abandonen el refugio de Puerto Victoria, en las Seychelles, y se echen de nuevo a la mar. Aseguran que todo viene porque entre los bandidos «se ha corrido la voz de que no hay vigilancia».
Se ha corrido la voz de que no hay vigilancia"
La última decisión del Gobierno español ha sido enviar un avión que avise a los pescadores de la presencia de piratas, pero que no intervendrá en su defensa si se perpetra un ataque. Los armadores entienden que éste es un primer paso, pero ven necesario ir más allá para garantizar su seguridad.
El segundo y definitivo sería, en su opinión, situar en la zona una fuerza naval que complemente la labor operativa de ese avión. ¿A la mar? El avión llegará este fin de semana a la zona. Posiblemente sin esperar al barco, los armadores darán la orden a sus embarcaciones para que salgan a la mar.
Hasta ahora, los propios arrantzales han sido los primeros interesados en salir a la mar. En estas latitudes recogen la tercera parte de las capturas totales de atún de todo el año. La zona es muy jugosa, ya que la pesca es abundante.
Pero, esta vez, los pescadores tienen dudas. Aseguran que cada día hay varios intentos de secuestro, aunque sólo alguno fructifica. Ayer mismo fueron atrapados dos buques. Hoy celebrarán asambleas para decidir si regresan a la mar o siguen, de momento, en puerto.
Las dos últimas víctimas
Día va y día viene. Ayer fueron dos los barcos secuestrados por piratas. Primero, un carguero griego con 25 tripulantes filipinos a bordo; se encontraban a 225 millas al sur de la costa de Somalia y se dirigían al puerto de Mombasa, el más importante de Kenia, para entregar un cargamento de 17.000 toneladas de sal.
La segunda víctima del día fue un portacontenedores perteneciente a una empresa hongkonesa con otros 25 tripulantes que viajaba a la India procedente de Túnez.
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