Andy Lees es escocés, tiene 72 años y está arruinado. Este hombre ha perdido todos los ahorros de su vida y ahora sólo le queda su lápida, por culpa de un diagnóstico médico.
A Lees le diagnosticaron cáncer terminal hace un año y decidió gastar todo su dinero. Le dio 1.200 euros a cada uno de sus cinco hijos y 2.500 a cada uno de sus nietos. Además, pagó por adelantado los 8.000 euros que costaba su funeral y regaló 3.600 libras a sus amigos.
Sin embargo, un año después, le han comunicado que todo era un error, que no tiene cáncer sino una dolencia crónica de obstrucción pulmonar, y le han pedido disculpas por los daños causados a él y a su familia, según publica The Times.
El pensionista ahora está arruinado, y para colmo ha tenido que pedir que retiraran su lápida, que ya estaba colocada en el cementerio en el que se supone que iba a ser enterrado.
Un precedente, también en Inglaterra
Andy Lees ha experimentado en sus propias carnes lo mismo que le ocurrió hace algo más de un año a John Brandrick, un británico de 63 años al que le diagnosticaron un cáncer cuando en realidad lo que tenía era una pancreatitis.
Brandrick abandonó su puesto de trabajo, dejó de pagar la hipoteca y se gastó una fortuna en restaurantes y hoteles.




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