Un provocador francés lleva ocho años invadiendo anónimamente rincones de ciudades del mundo entero con mosaicos inspirados en los pixelados "marcianitos" de la primera generación de videojuegos de los años 80, en un proyecto bautizado Space Invaders.
Como ella, son muchos los curiosos que fotografían estos coloridos detalles urbanos y que después cuelgan las fotos en internet. Sólo "una pequeña parte" de las invasiones están recogidas en la web aunque "se pueden descubrir muchos más en sitios comunitarios como Flickr", explica en su página en internet (space-invaders.com) el propio creador del proyecto, que insiste en conservar el anonimato.
En la red pueden encontrarse fotos de marcianitos bilbaínos, madrileños, barceloneses o valencianos realizados por él, aunque otros han ido más lejos y han decidido convertirse también en invasores, acto que el creador original entiende como un homenaje muy positivo.
"He pensado en la idea de poner a punto una estrategia de invasión en grupo, pero es muy difícil delegar este trabajo", señala el autor, que no anima a sus seguidores a imitarle pero que tampoco condena que otros contribuyan activamente a desarrollar su legado anónimo.
Marcianos sobre el mapa
También en la misma línea, ahora ha decidido incluir en su registro imágenes creadas a partir del famoso cubo de Rubick, que le permite, desde la misma estética retro, ochentera y tecnológica, añadir colores a una paleta que ya no estará monopolizada por "marcianitos".
Vínculos con Amelie
La invasión del espacio recuerda vagamente a la película francesa Le fabuleux destin d'Amelie Poulain, en la que el padre de la protagonista recibía fotografías del extraviado gnomo de su jardín con monumentos de diferentes ciudades de fondo. "Tu gnomo desapareció", le decía Amelie a su padre en el filme de Jean-Pierre Jeunet, realizado años después de que naciese el proyecto "Space Invaders".
El trabajo de este "invasor" francés está emparentado también con el street-art, evolución del graffiti que ha recurrido a formatos como las pegatinas, las emulsiones fotográficas, las plantillas o los mosaicos. Muchos de ellos son una forma artística de protesta, como los mensajes de Banksy, probablemente el artista urbano y globalizado más célebre del mundo, que ha desplegado por paredes de distintos países dibujos que denuncian una sociedad acorazada, vigilada y militarizada que convierte a niños inocentes en las primeras víctimas de su paranoia.


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