Dos de septiembre. Sobre las 6.10 h sale el sol y los más de 7.000 musulmanes que viven en la provincia se enfrentan a un mes de ayuno y oración.
Ayer comenzó el ramadán para los creyentes de Sevilla, un día más tarde que en otros puntos de España porque «la ley para ayunar indica que se haga con el país más próximo. En nuestro caso, Marruecos», explica Jalib Nieto, portavoz de la Fundación Mezquita de Sevilla.
Este sevillano nació hace 50 años en el Cortijo de Cuarto, pero hace 25 años que se convirtió al Islam. «Fui educado en el cristianismo, no he negado mi pasado, pero mi espiritualidad evolucionó y descubrí el Islam».
Cuesta un poco hasta que lo integras en tu vida
Como él, muchos creyentes se enfrentan a cuatro duras semanas en las que no pueden comer ni beber desde que sale el sol hasta que se oculta.
«Las primeras veces cuesta un poco hasta que lo integras en tu vida y lo naturalizas», cuenta Nieto.
Cada día, con la puesta de sol, en las cuatro mezquitas de Sevilla (Macarena, Polígono Store, Polígono Carretera Amarilla y León XIII) se ofrecen dátiles, leche y agua para romper el ayuno. Luego, toman una sopa.
La afluencia de musulmanes a los templos aumenta durante el ramadán, un periodo en el que rezan una oración especial, Tara Wit, en la que recitan partes del Corán hasta completarlo.
No obstante, hay muchos creyentes que prefieren llevar esta purificación del cuerpo y del alma en familia.


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