Ainhoa, una niña de cuatro años, ingresó en el hospital de Fuenlabrada para que le extirparan un quiste sebáceo. Era una operación sencilla, pero poco después de salir del quirófano sufrió una parada cardiorrespiratoria de la que no se pudo recuperar. Acabó muriendo en el Hospital Doce de Octubre, donde fue trasladada ante la imposibilidad de ser tratada en Fuenlabrada. Ahora, un juez de esta localidad investiga si su muerte fue fruto de una negligencia médica.
Consiguieron recuperarla de la parada cardiorrespiratoria, pero tuvieron que trasladarla al Doce de Octubre, ya que el hospital de Fuenlabrada carece de unidad pediátrica de cuidados intensivos. Allí le administraron respiración asistida, pero horas después, falleció.
El Servicio Madrileño de Salud espera a la autopsia para valorar la actuación del centro sanitario, aunque adelanta que la muerte pudo deberse a una complicación derivada de la anestesia o a una "anomalía congénita no detectada".


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