La joven trabajadora de una planta de ensamblaje de Apple que se ha hecho famosa de forma inesperada al aparecer su foto en el iPhone de uno de los compradores, no está sola.
Más de 13 millones de obreros trabajan a diario en Shenzhen, una ciudad estratégicamente situada al sur de China, una especie de 'Silicon Valley asiática' que hace poco más de 25 años era sólo una aldea de pescadores alejada de los circuitos del capitalismo industrial.
La cara menos amable de este paisaje pulcro y aséptico son las condiciones de trabajo de muchos de los obreros, en la mayoría mujeres muy jóvenes, casi adolescentes. Los turnos de trabajo son extenuantes, al igual que la rigidez de los horarios. Algo que no es nuevo, y que ha salpicado también al gigante de la manzana.
En junio de 2006, la empresa salió al paso de unas informaciones que la acusaban de mantener a sus empleados en condiciones de semiesclavitud. Las acusaciones contra Foxconn -fabricante de productos para la marca- incluían la explotación de mujeres jóvenes, que trabajan por la mitad de un salario normal y que son hospedadas en pequeños dormitorios por los que deben pagar, además, la mitad de esos ínfimos salarios.




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