Fermín Solís (Madroñer-Badajoz, 1972) destacó con rapidez entre la avalancha de jóvenes autores de cómic que se dieron a conocer a finales de la pasada década, autoeditándose, publicando en fanzines y pequeñas editoriales independientes y tomando como referentes a los grandes nombres del panorama alternativo europeo y norteamericano. Mucho ha llovido desde aquellos primeros y melancólicos álbumes por los que se rastreaba la influencia de Seth o Chester Brown.
El cacereño de adopción ha madurado, entregándonos una serie de álbumes que basculaban entre el noir o el género humorístico y la nostalgia autobiográfica, y que ahora desembocan en un trabajo de encargo. El intento de traslación a las páginas de un cómic del rodaje por parte de Luis Buñuel del durísimo documental Las Hurdes, tierra sin pan (1932) es, sin embargo, la obra más ambiciosa de Solís hasta la fecha. Con una técnica a los pinceles que no por amable resulta menos depurada (resulta obvio el salto de gigante que le aproxima a grandes del panorama francés actual, a gente del calibre de Sfar o Peeters), el dibujante completa un cómic a caballo del retrato psicológico y el relato histórico, esencial para aquellos curiosos e interesados en la figura del cineasta de Calanda.
Editora Regional de Extremadura / 120 páginas / 20 euros


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