Los competidores olímpicos se encuentran entre los 127 atletas internacionales que habrían firmado un petición para el presidente chino Hu Jintao, un hecho en el que se mezclan los deportes con los derechos humanos de un modo que Pekín ha rechazado con frecuencia por considerarlo como la 'politización' de los Juegos.
Los firmantes piden a Hu 'que posibilite una solución pacífica para la cuestión del Tíbet y otros conflictos en su país, en la que se mantenga el respeto hacia los principios fundamentales de los derechos humanos', de acuerdo con la carta publicada el último miércoles por Deportes para la Paz, Amnistía Internacional y la Campaña Internacional por Tíbet.
Las agrupaciones también presionaron a Hu por la 'libertad de expresión, libertad de religión y libertad de opinión en su país, incluido Tíbet', según el sitio alemán de Internet de Deportes para la Paz (www.sportsforpeace.de).
Entre los firmantes se encontraría el cubano saltador de vallas poseedor del récord mundial Dayron Robles, gesto sorprendente por tratarse de un atleta de un país comunista amigo de China.
Otros serían el corredor estadounidense de 400 metros DeeDee Trotter y el saltador en alto croata Blanka Vlasic.
Las repetidas llamadas a los organizadores de la petición para verificar la lista no fueron contestadas, y Robles y los otros supuestos firmantes no pudieron ser contactados directamente para comprobar la información.
El gobierno chino quiere que los Juegos sean una celebración inmaculada de la prosperidad y armonía nacionales, pero las protestas internacionales relacionadas con Tíbet han acompañado de cerca a los preparativos olímpicos y al recorrido de la antorcha.
Cuatro extranjeros activistas por la independencia tibetana llevaron su causa hasta el umbral de los Juegos el miércoles, cuando desplegaron pancartas en los alrededores del Estadio principal conocido como 'El nido'. Ahora, la petición petitorio incrementa la posibilidad de que algunos atletas realicen gestos en apoyo hacia la autonomía de Tíbet.
China sostiene que los disturbios y protestas que tuvieron lugar en la remota región montañosa en mayo fueron orquestados por seguidores del Dalai Lama, exiliado líder budista tibetano, en un intento de arruinar el evento olímpico que se inaugurará oficialmente el viernes.
El Dalai Lama ha rechazado repetidamente tales acusaciones, y el miércoles publicó una carta donde daba la bienvenida a los Juegos.
China ocupa Tíbet desde 1950 y dice que la región ha sido una parte inseparable de su Estado desde tiempos remotos.
Críticos afirman que el dominio chino es una amenaza hacia la sociedad y la cultura autóctona de Tíbet.*.


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