Pero los Juegos son mucho más que deporte. El presidente chino, Hu Jintao, ha intentado presentar a China como un país 'armonioso' cuyo crecimiento no es una amenaza para nadie.
Para un analista, sin embargo, la imagen del Partido Comunista de China regodeándose con un triunfo nacional en estadios relucientes podría ser un 'momento Sputnik', similar al impresionante lanzamiento de un satélite por parte de la emergente Unión Soviética en 1957.
Momento que, para muchos occidentales, inspirará tanto miedo como admiración.
Pero esa imagen pasa por alto la fragilidad de una nación acosada por la contaminación, tensiones energéticas, descontento social y pobreza rural, todo puesto al descubierto en el período previo a los Juegos.
Estas cuestiones han sido recurrentes antes de los Juegos, junto con la condena a la política de China en derechos humanos, el malestar con sus restricciones a los medios, y las dudas occidentales acerca de su voluntad de reformar y actuar como potencia global.
'Cualquiera que sean las implicaciones a largo plazo de los Juegos, lo que ha ocurrido hasta ahora no parece cercano a los sueños de gloria olímpica de Pekín', expresaron desde el Consejo de Relaciones Exteriores, con base en Estados Unidos, Elizabeth C. Economy y Adam Segal en un reciente artículo titulado 'La pesadilla olímpica de China'.
'En lugar de estar disfrutando de la admiración del mundo, China se encuentra acosada por protestas internas y la condena internacional', continuó el informe.
CONTRADICCIONES
La economía de China, en rápida expansión, se ha convertido en una locomotora mientras la recesión se avecina en todo el mundo. El país ya no es 'el hombre enfermo de Asia', y los Juegos de Pekín serán una confirmación de esto.
'Para China, se trata de la cristalización de tres décadas de modernización, una enorme exhibición', dijo Victor Cha, director de estudios asiáticos en la Universidad de Georgetown, en Washington, y antiguamente asesor sobre Asia en la Casa Blanca.
A pesar de todos los dividendos de las florecientes conexiones comerciales y financieras de China con el exterior, una 'China naciente' es vista por gran parte de Oriente como una amenaza.
Estados Unidos, en particular, está preocupado por las ambiciones regionales de un país de 1.300 millones de habitantes cuyo gasto militar está aumentando bruscamente y que interviene en África y América Latina mientras explora la Tierra en busca de materias primas.
Una lluvia de furia patriótica dirigida hacia objetivos occidentales vistos como amigos de las protestas y disturbios tibetanos contra el Gobierno evidenció gran parte del lado oscuro del auge de China.
Sin embargo, el terremoto en la provincia de Sichuan, que mató al menos 70.000 personas, convirtió la desaprobación mundial en empatía de la noche a la mañana.
Para Kerry Brown, directivo del Programa de Asia en el comité de expertos de la organización Chatham House en Londres, estos dos sucesos mostraron -de modos muy diferentes- la fragilidad de la China moderna.
'Este enorme monstruo económico que asusta y preocupa a tanta gente afuera de China contiene en sí mismo profundos problemas y debilidades', escribió en el sitio de Internet www.opendemocracy.net.
Una debilidad principal es la enraizada pobreza y desigualdad social, particularmente entre los cientos de millones de trabajadores itinerantes 'a partir de cuya sangre, sudor y lágrimas la China moderna es construida' pero que se encuentran privados del derecho a voto, dijo a Reuters.
/Por John Chalmers/.*.


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