Los presos se meten en la piel de cantaores, bailaores, malabaristas y personajes famosos granadinos. El espectáculo, que ha tenido como público a medio centenar de internos, quiere utilizar la vinculación de los encarcelados con el flamenco para favorecer su inserción social, ha manifestado Pérez.
Además de estar detrás de las coreografías, el cante o en la guitarra, han tenido también la oportunidad de participar en el maquillaje de los actores, el sonido, el vestuario, la peluquería o la escenografía.
Evadirse entre rejas
"Sentimos la actividad como propia y para nosotros, participar, se convierte en una gran fiesta", dice el recluso y asistente a la puesta en escena Manuel Pato, quien ha pedido a la institución penitenciaria más actividades como ésta para "distraerse entre rejas".
A golpe de palos clásicos como el martinete, la seguiriya o el fandango, el espectáculo recrea la fascinación que causaba entre los viajeros el folclore gitano granadino. Cuenta la ceremonia del bautizo en el que se intenta cristianizar a un niño musulmán y que sirve de ocasión para descubrir los secretos del arte flamenco a una pareja de origen galo que pasaba en ese momento por allí. Quedó extasiada.
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