La descarga de Whitesnake, absoluto icono del hard-rock de los 70's y 80's, se avecinaba, y nadie quería perderse detalle.
Antes, la banda catalana Sol Lagarto se encargó de calentar el ambiente, y pronto dejaron claro que la etiqueta de grupo telonero se le queda pequeñísima. Los afortunados, pocos, que sabíamos de sus existencia y conocíamos su obra éramos conscientes de que Ernest, Ramón, Uri, Fran y Norman está en su mejor momento, con un disco como Prorrogado que es una pequeña delicia. Además, sus últimas actuaciones ya mostraban a una banda impecablemente compenetrada, y con un notable dominio del rock y del blues más clásico y atemporal.
Pues bien, la inmensa mayoría del público, que ansiaba ver en acción a Coverdale y que no tenía demasiadas referencias de lo que veía sobre el escenario, acabó rendida a Sol Lagarto. Palabras Invisibles, Mundo Circo, Vampiros... muchas de sus piezas más redondas fueron cayendo y convenciendo a los exigentes paladares de los fans de Whitesnake, que acabaron contagiados de la extraordinaria energía que el grupo derrochaba, y que les augura un futuro bastante prometedor, con un nuevo disco que parece inminente.
Mientras la música española se hunde poco a poco en el fango de los ritmos latinos más apestosos, el pseudo-rock más perfumado y el pop más insustancial de los figurines prefabricados por las cadenas de televisión y el Corte Inglés, siempre nos quedará un grupo tan real y emocionante como Sol Lagarto.
Para quedarse
El listón estaba alto, y cierta incertidumbre se respiraba entre el público después de esta actuación por saber si Whitesnake ofrecerían un concierto convincente, pero la simple irrupción en escena de David Coverdale disipó las dudas: esta bestia del rock ha vuelto para quedarse.
La sensibilidad y la inspiración de obras magnas como Ready And Willing o Saints And Sinners quizá no regresen jamás, y la fijación (lógica) de Coverdale por formaciones tan inmensas de los 90's como Alice In Chains o Soundgarden han restado cierta personalidad en el sonido del grupo, que ahora es más metálico y denso y menos blues, pero hay temas que siguen sonando a gloria.
Para empezar, Best Years, corte inicial de Good To Be Bad, irrumpió como un trueno en La Riviera. Y Coverdale, obviamente, acaparó todos los focos. Tiene 56 años, y su avejentado rostro le delata, pero su aura de frontman egomaníaco y fornicador se mantiene intacta.
La sala se vino abajo, naturalmente, con los cásicos del grupo, entre los que destacaron especialmente dos: Fool For Your Loving y Here I Go, donde la banda estuvo especialmente inspirada.
También hubo momentos netamente prescindibles, como los infumables solos de guitarra y batería, orientados a buen seguro a que Coverdale respire, y algunas imágenes un poco chirriantes, como la de la improvisada celebración del cumpleaños del bajista, con tarta y muñeca hinchable, y la de Coverdale abanicándose como una cantaora al borde del colapso.
Por lo demás, y con Burn como volcánico cierre del concierto, nada que objetar. Esta formación, pese a que Doug Aldrich es un guitarrista bastante cumplidor y carismático, está a bastante distancia de la original, y Coverdale jamás será ese huracán que fue, pero creo que mientras podamos continuar escuchando esta colección de temas en directo durante algunos años más y seguir disfrutando de álbumes tan decentes como Good To Be Bad no debería de haber motivos para la queja.




El eurogrupo aplaza la reunión sobre el rescate griego
Al menos 40 muertos en Siria
Rafa Nadal y Bar Refaeli se quitan juntos la ropa
La videoteca deja en evidencia al PP
El rey a Rafa Nadal: "Estos de los guiñoles son tontos"
'El invitado', un 'thriller' directo al número 1 de la taquilla
La reforma solo tiene 2 medidas concretas para nuevos contratos
House vuelve a Cuatro para cerrar definitivamente su consulta






¡Sé el primero en hacerlo!