El personaje Lara Croft del videojuego 'Tomb Raider'.
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Es mi primer fin de semana con mi hijo. Ha venido cargado con una inmensa mochila llena de
videojuegos para la consola que su madre y yo le acabamos de regalar, intentando compensar así nuestra separación. Me ha dicho mi hermana que ésta no es una buena manera ni un buen comienzo.
Mi hijo me mira con gesto interrogante, sé que ahora dirá "qué hacemos papá", y yo, con los 43 grados que hay en la calle, casi prefiero un plan casero, sólo que no sé cuál.
Señalo con rapidez sus bolsas y sus videojuegos. Y él, extrañado porque no me ha visto jugar jamás a la consola ni a juego alguno de ordenador, desenfunda la consola, la enchufa a la tele y mete un videojuego. Yo sé cuál es, todo el mundo sabe cuál es el juego de Lara Croft.
No me ha visto jugar jamás a la consola ni a juego alguno de ordenador
Durante un par de horas jugamos a este extraño juego que no acabo de entender y del que al parecer saldrá una nueva versión mucho más trepidante y creo que sucederá bajo el agua. A pesar de todo lo que me cuenta y de cuánto trata de que me adentre en la acción del juego, mi hijo se da cuenta de que no estoy disfrutando mucho. Sé que a la gente que juega a estas cosas le gusta compartir la emoción, el entusiasmo. Pero no logro engancharme. Sé que
tengo que hacer algo con urgencia o mi intento de pasar una tarde que a mi hijo le ayude a no pensar en que sus padres se han separado se irá al garete.
Con la excusa de preparar algo de merienda me meto en mi cuarto y saco del armario mi antigua consola. La tengo bien empaquetada, con una funda de tela y en una caja de cartón, por eso apenas tiene polvo. En otra bolsa tengo todavía un juego, el único que conservo. No sé si esto dará resultado.
Ahora soy yo quien al fin deja de dar tantas vueltas a mi separación
Instalo todo en mi cuarto, introduzco el juego de marcianitos, el
Space Invaders, pruebo que funcione y sin querer me engancho con una partida. Ahora soy yo quien al fin deja de dar tantas vueltas a mi separación. Sólo los marcianitos y mi dedo apretando para liquidarlos. Debo de hacer ruido o dar algún grito porque mi hijo viene corriendo a mi cuarto. Hago como si no lo hubiera visto y le dejo que mire. Me apasiona este juego tan sencillo. Se acerca mi hijo más a mí y sin hablar le cedo el puesto. Sabe jugar, me dice que hay una versión mucho más reciente con luces y sonidos y no sé cuántas cosas más, pero sigue jugando al mío, en mi
Atari 2600.
La tarde trascurre rápidamente y antes de acostar a mi hijo en su cuarto de fin de semana alterno jugamos dos partidas: una a Lara Croft y otra, la última, a los marcianitos.
¿Es éste un comienzo mejor, hermanita?
¡Sé el primero en hacerlo!