Cuando todo empiece, los peatones no tendrán de qué reirse
Con su plumilla, el urbanista diseñó tenebrosos escenarios de ciudadanos desahuciados y asustados por las enormes grúas del tamaño del Reichstag, encargadas de derribar árboles y colocar las moles de hormigón que levantarían la capital del Reich. "Cuando todo empiece, los peatones no tendrán de qué reirse", previene uno de los dibujos.
Colgada en su despacho
El propio Speer conocía de la existencia de los dibujos que ponían en evidencia los delirios de grandeza del Führer, pero estos nunca fueron presentados más allá del pequeño círculo de arquitectos. "No se sabe con seguridad, pero creo que no habría pasado nada bueno de haber llegado a oídos de Hitler", señaló Hans-Dieter Nägelke, director de la exposición.
Creo que no habría pasado nada bueno de haber llegado a oídos de Hitler
Entre los grandes proyectos de Hitler, todos ellos satirizados por Stephan, destacaba el denominado "Gran Pabellón", que debía tener 290 metros de altura, y cuya cúpula debía sustentar la escultura de un águila, símbolo de la fortaleza del Régimen, apoyada sobre el globo del mundo. Una de las escasas piezas del plan estrella de Speer que sí vio la luz fue la cancillería del Führer, erigida en apenas unos meses y arrasada en unas horas por las bombas aliadas.

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