Decenas de jeringuillas usadas, algodón y cintas elásticas. Éste es el triste y peligroso panorama que se encuentran cada mañana vecinos y comerciantes de la plaza Marqués de Busianos (cerca de la calle Caballeros), junto a la entrada de un aparcamiento para residentes del que entran y salen familias con niños.
Según el responsable del Horno San Nicolás, «esto pasa sobre todo los fines de semana. Encima si les dices algo te amenazan y ya nos han robado varias veces». Los toxicómanos se administran la dosis en una esquina que queda oculta tras una fila de cuatro contenedores.
Por este motivo, el Horno ha solicitado que los cambien de sitio: «además, la gente orina y defeca tras ellos y todos los días me toca limpiarlo con una manguera porque el mal olor espanta a los clientes». Los técnicos de limpieza retiraron las jeringuillas a medio día.
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