'China expresa su grave preocupación y desasosiego sobre la acusación del fiscal del Tribunal Penal Internacional hacia el líder sudanés', dijo en una rueda de prensa habitual el ministro chino de Asuntos Exteriores, Liu Jianchao
'Las acciones del TPI deben ser beneficiosas para la estabilidad de la región de Darfur y la resolución apropiada del asunto, no al contrario'.
El fiscal del TPI, Luis Moreno-Ocampo, pidió el lunes una orden de arresto contra el presidente, Omar Hassan al-Bashir, acusándole de dirigir un genocidio que ha matado a 35.000 personas y obligado a 2,5 millones más a abandonar sus hogares en esta región occidental del país africano.
Sudán considera la decisión del TPI 'irresponsable, ilegal y no profesional', según el vicepresidente, Ali Osman Mohamed Taha.
El gigante asiático, el mayor proveedor de armas de Jartum y uno de los principales inversores de su industria petrolífera, se enfrenta a ahora a difíciles decisiones en su relación con Bashir, ya que los Juegos Olímpicos de Pekín abren un punto débil para la presión internacional.
Al preguntarle si China apoyaría una resolución de Naciones Unidas que suspendiera las acciones del TPI contra Bashir, Liu evitó las respuestas firmes.
'China continuará sus consultas con otros miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero en cuanto al resultado, eso no lo sé', dijo.
El ministro sí confirmó que 172 ingenieros chinos saldrán el miércoles para Darfur, completando así sus 315 pacificadores en la zona.
Moreno-OCampo afirmó el lunes que además de las 35.000 personas directamente asesinadas por las fuerzas armadas sudanesas y la milicia a la que apoyan, otros 2,5 millones son objeto de una campaña de 'violación, hambre y miedo' en los campos de refugiados, donde el genocidio, añadió, continúa 'ante nuestros ojos'.
Los expertos internacionales calculan que al menos 200.000 personas han muerto en Darfur desde 2003. Jartum reconoce que 10.000 personas han sido asesinadas.
Mientras, en Jartum, Naciones Unidas ha instado a su personal a quedarse en casa mientras miles de sudaneses preparan una manifestación de apoyo al presidente Omar Hassan al-Bashir, un ex general del ejército que subió al poder en 1989 con un golpe de Estado.
/Por Chris Buckley/


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