El Ajuntament de Barcelona se comprometió ayer a no subir los impuestos locales. En la presentación de las líneas de actuación para frenar los efectos de la crisis económica, apuesta por «el equilibrio presupuestario, menteniendo los niveles de endeudamiento» y, lo que es más importante para el bolsillo de los barceloneses, «sin aumentar la presión fiscal».
El número de parados (59.374) es el más alto desde marzo de 2005 (crece menos que en Catalunya, pero lleva seis meses subiendo). En la provincia, se han vendido 10.136 pisos menos (la construcción, por suerte, sólo es el 6% del PIB de la capital) y las hipotecas han caído un 29,8%. Además, el número de turistas ha disminuído un 4,7% entre enero y mayo, tras años de crecimiento, señaló el alcalde, Jordi Hereu, que lo justificó por la subida del precio de los carburantes, entre otros factores.


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