Sobre la vertiente sur del Parque Natural de las sierras de Almijara, Tejeda y Alhama, en la parte oriental de la comarca malagueña de La Axarquía, se levanta el municipio de Frigiliana. Un enclave mágico de la provincia cuya arquitectura es capaz de hacer viajar en el tiempo y trasladar a los visitantes al pasado morisco de Al Andalus.
Construida a los pies de lo que fue su fortaleza, el castillo árabe de Lizar, la villa de Frigiliana se extiende montaña abajo conformando un entramado de calles y plazas al más puro estilo morisco. En el casco histórico, conocido por los vecinos como Barriato o Barrio alto, se levanta una sucesión de blancas y pulcras fachadas cubiertas de flores multicolores que conviven con cestos de esparto y cerámicas típicas del lugar.
Aunque se han encontrado restos de vida prehistórica, es la huella árabe la que define al municipio, sobre todo la del período de revueltas moriscas contra el orden establecido por los cristianos, que acabó con siglos de convivencia entre ambas culturas. Para los interesados, doce paneles de cerámica, repartidos entre las calles del Barriato, explican la vida y el éxodo morisco por estas zonas.
Tras un recorrido por el pueblo, los visitantes podrán degustar una suculenta gastronomía autóctona acompañada de un buen vino dulce de la tierra.
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