Raúl Castro se presentó por primera vez como presidente ante el Parlamento cubano para defender las líneas económicas en que trabaja su Gobierno y asegurar que Cuba "jamás" adoptará una decisión como consecuencia "de la presión o el chantaje" externo.
"Aunque aquí nadie les ha pedido opinión, reitero que jamás adoptaremos una decisión, ¡ni la más mínima!, como resultado de la presión o el chantaje, venga de donde venga, de un poderoso país o de un continente entero", dijo Castro ante el plenario, vestido de guayabera blanca en lugar de su habitual uniforme de general.
"Es iluso soñar que un pueblo que ha resistido actos terroristas, guerra económica y agresiones de todo tipo durante medio siglo va a renunciar a conquistas fruto de enormes sacrificios solo para satisfacer a determinados círculos de poder de Estados Unidos", agregó.
Aunque el Parlamento aprobó una declaración condenando la directiva sobre retorno de inmigrantes ilegales de la Unión Europea, Castro no hizo ninguna mención al reciente levantamiento definitivo de las sanciones diplomáticas adoptadas por el bloque comunitario en 2003, tras las condenas a 75 disidentes.
Con el sillón en que habitualmente se sentaba su hermano, el ex presidente Fidel Castro, vacío, el jefe de Estado habló de salarios y del objetivo de su Gobierno de incrementarlos "de manera gradual y según prioridades".
Evitó precisar fechas y sectores, pues, según dijo, "no sería ético crear falsas expectativas" y señaló que "socialismo significa justicia social e igualdad, pero igualdad de derechos, de oportunidades, no de ingresos".
"Igualdad no es igualitarismo", dijo, reafirmando la reciente aprobación de una resolución para que los salarios -que en Cuba de promedio son de 408 pesos (alrededor de 30 euros) se calculen en función de lo producido y la calidad de los servicios y no de forma general.
Además, anunció la necesidad de "un adecuado sistema de impuestos y contribuciones".
Insistió en la necesidad de volverse hacia la tierra y hacerla producir y anunció que se comenzará a entregar tierras ociosas en usufructo en "fecha próxima" a quien produzca, una de las medidas que el Gobierno ha adoptado como parte de su política para reanimar al decaído campo cubano.
También aseguró que la realidad actual impone reformas a la ley de Seguridad Social vigente para elevar la edad mínima de jubilación de 55 a 60 años, en el caso de las mujeres, y de 60 a 65, en el de los hombres, así como modificar el cálculo de las pensiones.
No hubo grandes anuncios ni novedades, pero el presidente lanzó un mensaje optimista: "produciremos alimentos, preservaremos las principales conquistas de la revolución y seguiremos avanzando sin descuidar un minuto la defensa".
Antes de finalizar, Raúl Castro afirmó que había consultado con el líder cubano el texto del discurso y Fidel Castro le dijo: "está perfecto".


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