El presidente Nambariin Enkhbayar declaró ayer el estado de emergencia durante cuatro días, después de que los manifestantes chocaran con la policía y prendieran fuego a la sede del partido en el gobierno.
Al menos un extranjero, un ciudadano japonés, estaba entre los heridos, informó el ministro en una rueda de prensa. Unas 700 personas fueron detenidas por participar en los episodios de violencia.
El caos amenaza con retrasar aún más unos acuerdos que podrían desbloquear las vastas reservas de carbón, uranio y otros recursos, considerados clave para sacar al aislado estado del centro de Asia de la pobreza.
'El presidente ha declarado el estado de emergencia siguiendo la constitución (...) desde las 11:30 de la noche del 1 de julio durante un periodo de cuatro días', dijo la televisión.
El estado de emergencia implica que las protestas están prohibidas y autoriza a las fuerzas de seguridad a acabar con las protestas usando la fuerza.
/Por Irja Halasz/


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