La conversión del motor de ese deportivo, que le regaló a su primogénito la Reina Isabel II en 1969, es una de las medidas que ha tomado el príncipe de Gales para reducir sus emisiones de CO2 en un 18 por ciento.
Según los datos aportados por la Casa del Príncipe, el motor del automóvil funciona con biotetanol fabricado a partir de vino blanco, al que se añade un producto derivado de la fabricación de queso. Los gases de escape no huelen ni a queso ni a vino, sino, curiosamente a vodka, según informa el diario The Times.
El príncipe de Gales ha invertido en torno a 6.300 euros en la conversión del motor de su Aston Martin, que forma parte de una flota que incluye también dos Jaguar, dos Audi y un Land Rover. Los motores de todos estos automóviles han sido adaptados para funcionar con biocombustible.



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