Aunque de buenas a primeras el nombre de Miguel Ángel Martín pueda no decirte nada, sin duda has visto su trabajo en docenas de revistas –entre ellas esta misma–, cubiertas de discos –es el ilustrador oficial del sello Subterfuge– y hasta programas de televisión –el efímero iPop, cuyas cortinillas eran obra del leonés–. Sirva todo eso y muchas otras cosas buenas que se pueden decir de él para introducir al lector neófito en el último título de una obra abundante que ha coqueteado con el escándalo las más de las veces: los tribunales italianos secuestraron Psychopathia sexualis y Brian the Brain por su temática extrema, que incita, según ellos, a la pederastia.
No habrá ese tipo de problemas en el caso de Playlove, una obra con un punto de partida casi cotidiano, el de las infidelidades conyugales. ¿Se podría hablar entonces de un Martín domesticado? Faltaríamos a la verdad... En Playlove vuelve a ponerse del lado del criminal, de aquel que atenta contra las normal morales –la monogamia, en este caso– convirtiéndolo en ejecutor de una feminidad que intercambia sexo por seguridad, diversión por cariño. Una única pega: continúa la tendencia a eliminar trabajo y reducir los fondos al vacío más absoluto. Minimalismo sí, pero esto es otra cosa y se le llama pereza.
Rey Lear / www.reylear.com



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