Gregorio Rodríguez lleva desde 1988 en la residencia escolar Los Pinos (Costantina).
Cada curso se convierte en el padre adoptivo de 200 alumnos de 6 a 22 años procedentes de familias desestructuradas o zonas rurales.
Este año ha conseguido el Premio al Mérito en la Educación.
¿Qué supone el premio?
Un orgullo. Lo interpreto como un reconocimiento a las 36 residencias que hay en Andalucía, a la labor que hacen en silencio.
¿Qué diferencias hay aún entre la ciudad y el campo?
La forma de ver la vida. En los pueblos la vida es más tranquila y los niños disfrutan más de su infancia.
¿Se nota en la convivencia?
Los chicos de las ciudades tienen unas conductas distintas a las de los niños de zonas rurales.
¿Cuál ha sido el mayor problema de su carrera?
Dotar al centro de unas infraestructuras mínimas. Lo encontré sin agua, luz... en condiciones muy pobres.
¿Y su mayor satisfacción?
Cuando antiguos alumnos regresan para presentarme a sus esposas, a sus bebés... Soy su tutor legal cada curso escolar.
¿Faltan más residencias?
Lo que hace falta es que estén bien dotadas y que a su alrededor haya una buena oferta de ciclos formativos.
¿Qué queda en educación?
Se han dado pasos muy grandes, pero la asignatura pendiente es la atención de los más pequeños para que sus padres concilien vida familiar y laboral.
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