Jennifer decidió salir de compras a la exclusiva tienda de Catherine Malandrino en Nueva York, y ordenó a los dueños de la tienda que cerraran el establecimiento exclusivamente para ella, y así poder mirar y comprar sin ser observada ni molestada por otros clientes. Aunque recibió una “cortés” negativa, esto no le impidió seguir con sus exigencias.
La actriz iba “escoltada” por ocho acompañantes y dos guardaespaldas visiblemente armados, según cuenta una fuente a la edición impresa de Page Six: uno de sus acompañantes le gritó a la dependienta que estaba obligada a hacerle a Jennifer un 50% de descuento en lo que comprara.
La “diva” además se probó una cantidad innumerable de distintas prendas que luego “arrojó” sin más en el vestuario, y salió finalmente sin comprar absolutamente nada, tal vez, como "castigo" por no haber satisfecho sus peticiones.

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