No había confirmación inmediata del Movimiento por el Cambio Democrático de Tsvangirai. El Ministerio de Exteriores holandés dijo que no había solicitado asilo, pero que era bienvenido para quedarse por su propia seguridad.
Previamente, el MDC dijo que la policía asaltó su sede de Harare y se llevó a más de 60 víctimas de los actos violentos, en los que afirma que casi 90 de sus partidarios habían sido asesinados por las milicias que respaldan al presidente, Robert Mugabe. Entre los detenidos había mujeres y niños.
Tsvangirai, que se ha retirado de las elecciones del 27 de junio afirmando que sus seguidores arriesgaban su vida si le votaban, declaró el lunes que estaba listo para negociar con el partido ZANU-PF de Mugabe, pero sólo si se detenía la violencia.
Instó a los líderes regionales a que presionen por un retraso en la votación o para la dimisión de Mugabe. Pero el Gobierno señaló que la retirada de Tsvangirai venía demasiado tarde para desconvocar las elecciones.
Las preocupaciones aumentaban tanto dentro como fuera de África por la crisis económica y política de Zimbabue, que se ha expandido hasta los estados vecinos con millones de refugiados. Tanto la Unión Africana como la Comunidad de Desarrollo de África del Sur (SADC) estaban tratando la situación tras la salida de Tsvangirai.
La ex potencia colonial Reino Unido dijo que Mugabe debe ser declarado líder ilegítimo y que deberían endurecerse las sanciones contra sus partidarios.
Tsvangirai declaró a 702 Radio de Sudáfrica: 'Estamos preparados para negociar con el ZANU-PF pero por supuesto es importante que ciertos principios se acepten antes de que tengan lugar las negociaciones. Una de las precondiciones es que la violencia contra la gente se detenga'.
Varios gobiernos extranjeros han instado al gobierno de unidad nacional para poner fin a la terrible crisis de Zimbabue. Esto ha sido rechazado previamente por ambas partes.
'MARIONETAS'
Mugabe, de 84 años, que ha estado en el poder desde la independencia de Reino Unido en 1980, ha prometido que nunca cederá ante la oposición, a los que ha calificado de marionetas de occidente.
Niega que sus partidarios sean responsables de la violencia, que estalló después de que Mugabe y el ZANU-PF perdiera las elecciones el 29 de marzo. Tsvangirai no consiguió por poco la mayoría absoluta, obligando a la segunda vuelta del próximo viernes.
/Por Nelson Banya/

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