El Servicio Madrileño de Salud (Sermas) ha sido condenado por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSMJ) a pagar un total de 180.000 euros por no adoptar las medidas "de asepsia y limpieza exigibles" en el Hospital Clínico San Carlos, hecho que provocó la muerte de Angel Francisco G. un paciente de 48 años, que dejó dos hijos menores, informó hoy la Asociación Defensor del Paciente.
Los pacientes estaban hacinados en sillas de ruedas y camillas en los pasillos
La sentencia asegura que faltó la oportunidad de "recibir un tratamiento hospitalario acorde con todas las medidas de asepsia exigibles, y por lo tanto, de posible supervivencia, lo que determina la necesidad de determinar la indemnización".
Según destacó la Asociación, ésta es la segunda sentencia en la que el Alto Tribunal reconoce que en la misma época, el primer semestre de 2002, hubo un brote de SAMR (Stafilococo Aureus Meticilin Resistente) en la sala general de la UCI que afectó a 11 enfermos, que terminaron falleciendo, y que fue una de las causas del cierre de la Unidad. Del mismo modo que apuntó en su fallo del 3 de abril, el Tribunal recuerda que hubo un "evidente exceso de infecciones hospitalarias con relación a las tasas inevitables en todo hospital, que constituyó causa de alarma y adopción de medidas de prevención".
"Sin guantes, ni máscara ni bata"
Según relata la familia, en enero de 2002, Angel Francisco G. ingresó en el Servicio de Urgencias del Hospital Clínico San Carlos después de haber recibido el alta hospitalaria por una operación en el escroto. La Sala de Urgencias, los pasillos y las dependencias de las consultas estaban repletas de gente, los pacientes estaban hacinados en los pasillos en sillas de ruedas y en camillas, aseguran.
Tras realizársele diversas pruebas y analíticas, los facultativos informaron a los familiares que debía quedar ingresado. "Las medidas de asepsia en la UCI eran inexistentes: Se pasaba a dicha unidad sin guantes, mascarilla ni bata, sin calzas para zapatos. Tampoco se advertía a las visitas de la imposibilidad de tocar a los pacientes. El trasiego de gente era constante en la UCI, sobre todo los sábados y los domingos. El personal encargado de la limpieza limpiaba los tubos de las luces fluorescentes con una mopa y sin ninguna medida de asepsia para evitar que el polvo cayera sobre los pacientes", relata la acusación.


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