En esta ocasión se potenció más el pasacalles debido a que el uso del agua estaba restringido a seis camiones cisternas y no se permitía hacer uso de las bocas de riego.
Aun así, nadie se libró del remojón, ya que muchos vecinos participaron desde sus casas echando cubos de agua que eran recibidos con aplausos por los participantes en la fiesta.
Vale todo
La calle Payaso Fofó, donde se libró la batalla final, se convirtió en una gran piscina de asfalto en la que no faltaron bañadores, biquinis y todos los aparejos necesarios para mojar al vecino, como cubos, pistolas de agua, barreños y todo aquello que sirviera para contener agua.
Goyo Alonso, miembro directivo de la cofradía que organizaba el evento, aseguró a Efe que sólo se utilizó una cuarta parte del agua que cabe en una piscina municipal y se quejó porque la Junta de Distrito y el Ayuntamiento de Madrid llevan 24 años «poniendo problemas a estas fiestas».
A la batalla no faltó su presidenta honorífica este año, la portavoz de IU en el Ayuntamiento de Madrid, Inés Sabanés, provista con un bañador debajo de la camiseta y que, como una más, acabó empapada. «Nadie debería dar lecciones de solidaridad a este barrio», señaló.


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