Al contrario que en anteriores cumpleaños, en los que el galardonado con el premio Nobel lo celebraba con estrellas de cine, miembros de la realeza y niños, este año el aniversario se centrará en el legado político de Mandela en lugar de su aura de celebridad, dicen los responsables.
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Responsables de la Fundación Nelson Mandela y colaboradores dicen que se centrarán en asegurar que las lecciones de Mandela de respeto y dignidad humanas viven más allá del propio hombre.
'El mayor peligro es que su legado sea comprendido en términos puramente mecánicos o políticos, y se le separe de su humanidad', dijo Mac Maharaj, un ex ministro de Transporte que pasó 12 años como prisionero político con Mandela en la célebre prisión sudafricana de Robben Island.
'Mandela tiene sus puntos fuertes y débiles como todos nosotros, pero necesitamos comprender su habilidad para controlarse, para ver qué se necesita hacer y hacerlo'.
Los colaboradores reconocen que Mandela - un héroe anti apartheid que en 1994 se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica - se encuentra más débil desde que anunció su retirada oficial de la vida pública a principios del año pasado.
El sudafricano aparece en público con bastón o del brazo de un ayudante, permanece largos periodos en casa con su familia, y con su tercera mujer, Graca Machel, la viuda del presidente fundador de Mozambique Samora Machel.
'Creo que está tratando de relajarse, está tratando de pasar más tiempo con la señora Machel', dijo John Samuel, consejero delegado de la Fundación Nelson Mandela. 'Pasa más tiempo tomándoselo con calma'.
Pero el hombre que llevó a Sudáfrica del dominio blanco a la democracia multirracial continúa siendo un gigante en el imaginario público que aún puede concentrar a decenas de miles de personas en apoyo de la lucha contra el VIH/sida o la pobreza.
Sus colaboradores dicen que Mandela continúa gozando de buena salud para su edad, aunque el año pasado ha sido un reto tanto en la vida pública como en la privada.
Anunció en enero que su hijo mayor, Makgatho, había muerto a causa del sida a los 54 años, y usó su propia tragedia personal para exhortar a los sudafricanos a hacer frente a una epidemia que infecta a unos cinco millones de sus compatriotas, la mayor tasa del mundo.
Y su imagen pública sufrió un raro golpe en los últimos meses al verse envuelto en una guerra legal por el uso del nombre Mandela, que los medios locales han descrito como una lucha impropia por dinero entre algunos de sus familiares y sus colaboradores.
No obstante, para la mayoría de los sudafricanos Mandela está por encima de cualquier reproche, y es una figura cada vez más mitificada que simboliza el difícil pasado del país y las esperanzas del futuro.


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