Se trata de mostrar que cualquiera puede participar en la música, que no pueden ser siempre los mismos, y romper con el engranaje consumista de la industria musical, explica Susana Noguero una de las tres componentes del grupo artístico Platoniq, sistema cultural co-operativo lo definen ellos, junto con Olivier Schulbaum e Ignacio García.
Una de sus 'Burnstation' la han instalado en la sede del Copyfight, en mitad del enorme espacio subterráneo donde se celebran las jornadas, en el que conviven al mismo tiempo talleres especializados, conferencias y una permanente proyección de video.
La gente llega, se sienta, se coloca los auriculares y 'tuesta' sus discos en la Burnstation después de haber navegado arriba y abajo por la base de datos musical.
Nada de ratón, para eso se usa un mando de consola. Pero este no es desde luego el sitio más extraño donde la gente de Platoniq ha instalado su 'estación para planchar' CD. Junto a un puesto de verduras, en un bar, o incluso en el servicio de un bar.
El caso es llegar a la gente, y sobre todo llegar a aquellos que no están en contacto con la lucha contra un copyright demasiado restrictivo, opinan los miembros de Platoniq. El caso es mostrar que otra forma de hacer cultura es posible.


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