Un responsable hospitalario, que pidió no ser identificado, dijo que el número de muertos ascendió de 60 a 98 y que varios heridos estaban en estado muy grave, tras recopilar datos de varios hospitales.
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Se trata del ataque más mortal desde que el gobierno iraquí asumió el poder en abril.
La explosión, que se produjo cerca de una mezquita chií de Musayyib, en las proximidades de Kerbala, hirió además a 82 personas y destruyó nueve coches, según la policía.
'Este es un día negro en la historia del pueblo', le dijo a Reuters Yas Judayr, jefe de policía de Musayyib.
El ataque tuvo lugar solamente unas horas después de que varios atentados que causaran la muerte de al menos 16 personas, entre ellos tres soldados británicos.
La ola de atentados suicidas sugiere que aún queda un largo camino por recorrer para acabar con esta clase de ataques, que representan la mayor amenaza para la seguridad del país, de acuerdo con las autoridades.
Algunas personas que acudieron lo antes posible al lugar de la explosión tras enterarse del ataque se encontraron con que habían perdido a algunos familiares.
'Después de la bomba fui allí y encontré la cabeza de mi hijo. No pude encontrar su cuerpo', relató Mohsen Jassim, padre de un joven de 18 años.
El grupo iraquí de la red Al Qaeda se atribuyó la responsabilidad de la campaña de ataques suicidas -ya en su segundo día- y dijo que habrá más violencia.
'La operación continúa como estaba prevista y advertimos a los enemigos de Alá que vendrá más. Les pedimos a nuestros hermanos musulmanes de todo el mundo que recen a Alá para garantizar nuestra victoria', manifestó Al Qaeda en un comunicado difundido a través de una página web.
Al Qaeda afirmó que los ataques le otorgaron el control de Bagdad, pero en las calles no se notaba la presencia de extremistas.
'Durante el día y la noche, Bagdad suena con la música de las balas de los combatientes y las oraciones de los mártires', dijo la organización.
'Nuestros combatientes ahora controlan las calles. Nuestro jeque Abu Musab nos instó a intensificar nuestros ataques hasta que Estados Unidos sea derrotado (...) y continuaremos con nuestra guerra santa', agregó Al Qaeda.
Los insurgentes suníes lideran una campaña de ataques suicidas y secuestros en un intento por derrocar al gobierno chií respaldado por Estados Unidos.
Los atentados suicidas conspiran contra las promesas del gobierno de pacificar al país tras las elecciones celebradas en enero.
En Samarra, el corazón suní del país, algunos habitantes dijeron que las tropas estadounidenses y la policía iraquí habían impuesto un toque de queda, ordenando a los pobladores a mantenerse en sus casas después de que dos civiles murieran a tiros en las inmediaciones de una base estadounidense.
/Por Sami Jumaili/.*.


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