En el recuerdo quedan las primeras imágenes con sus padres y su hermana emitidas por la televisión de los setenta: una melena rubia larguísima, bien atusada e idéntica a la de la Infanta Elena que casi impedía distinguir a la una de la otra.
Proyecta una imagen discreta y cultivada que la prensa suele recompensar con un tratamiento amable. En general, cae bien. Por lo cercana y por lo sencilla.
El 30 de abril de 1997 la Zarzuela anunció su boda con un jugador de balonmano del FC Barcelona, un escultural Iñaki Urdangarín.
Junto a él, la Infanta se ha convertido en madre de familia numerosa a la vez que su apariencia, como los buenos vinos, ha mejorado. Algunas fuentes apuntan a un posible lifting. Otras aseguran que su aspecto radiante, que no ha perdido nunca un punto juvenil, responde al momento feliz que atraviesa.


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