Kerstin, la mayor de las hijas nacidas de las violaciones de Josef Fritzl a su hija Elisabeth, se reunió el domingo con el resto de su familia tras haber sido despertada de un coma inducido.
En su cautiverio, tuvo que vivir encerrada en un zulo y contemplar cómo su abuelo violaba a su madre, encadenada con una correa de perro. El hombre, que ya había sido condenado por un caso de abusos sexuales, confesó que también deseaba sexualmente a su propia madre.
Una rápida evolución
Según Reiter, el pasado 15 de mayo Kerstin abrió los ojos por primera vez y mostró reacciones emocionales. A partir de ese momento los médicos le permitieron las visitas de su madre, algo que ha sido esencial en la recuperación de la joven, según el médico.
Mientras, el responsable del horror que ha vivido la familia Fritzl sigue en la cárcel cumpliendo prisión preventiva , vigilado minuto a minuto para evitar que se suicide.


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