El nuevo Gobierno conservador de Berlusconi - primer ministro por tercera vez - desveló en mayo unas duras medidas encaminadas a luchar contra la delincuencia y la inmigración ilegal, pero los críticos han dicho que podrían aumentar la xenofobia y el racismo.
Una de las más polémicas, pendiente de discusión y aprobación aún en el Parlamento, determina que la entrada ilegal en Italia es un delito punible con hasta cuatro años de cárcel.
Sin embargo, Berlusconi dijo el martes que la gente no debería ser castigada simplemente por ser inmigrantes ilegales, aunque su estatus debería considerarse una circunstancia agravante en caso de que cometieran un delito.
'Personalmente pienso que no se puede perseguir a alguien por una permanencia no regular en nuestro país condenándole con una pena, pero puede ser un agravante si comete un delito', afirmó en una rueda de prensa conjunta con el presidente francés, Nicolas Sarkozy.
'El Parlamento es soberano y decidirá según su conciencia y buen sentido'.
En la primera reacción desde el Gobierno, el ministro del Interior, Roberto Maroni, se mostró 'sorprendido' por las palabras del primer ministro.
Maroni afirmó que la agravante ya está en el decreto ley, y recordó que hace dos semanas fue aprobado por unanimidad por el Consejo de Ministros y firmado por el propio Berlusconi.
El paquete legislativo propone además confiscar los pisos alquilados a ilegales, acelerar las expulsiones, extender el tiempo en que puedan ser retenidos y convertir algunos campamentos para inmigrantes en centros de detención.
La responsable saliente de derechos humanos de la ONU, Louise Arbour, criticó el lunes las medidas, que describió como ejemplo de represión e intolerancia.
El Vaticano también se manifestó en contra. El arzobispo Agostino Marchetti dijo a la Radio Vaticana que los inmigrantes ilegales no deberían ser tratados como delincuentes porque quienes trabajaban estaban haciendo una contribución a la sociedad.
Por la mañana el ministro de Asuntos Exteriores restó importancia a las críticas, alegando que la inmigración ilegal ya es un delito en Francia, Alemania, Suecia y Reino Unido.
El año pasado hubo un aumento récord de inmigrantes en Italia. Los extranjeros ya suponen 3,5 millones, y muchos italianos achacan a los inmigrantes, especialmente a los gitanos, el aumento en la delincuencia.
/Por Silvia Aloisi/


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