"Los ácidos grasos omega 3 (...) demostraron mejorar el funcionamiento del cerebro y reducir el comportamiento violento. Y, realmente, los prisioneros comen poco pescado", dijo el doctor Adrian Raine, profesor de Criminología, Psiquiatría y Psicología de la Universidad de Pennsylvania.
En este contexto, la intervención nutricional entre las personas en prisión sería una forma "naturista" de corregir los cerebros en riesgo. "No sólo permitiría prevenir (nuevos) delitos, sino que también facilitaría el uso de otros tratamientos, como la terapia cognitiva-conductual", añadió.
Un estudio en el 2002 sobre 231 prisioneros ingleses jóvenes demostró que el consumo de suplementos nutricionales con ácidos grasos omega 3 durante, por lo menos, dos semanas, estuvo relacionado con un 35% menos de delitos a los cinco meses.
En otro estudio, realizado por Raine, un grupo de niños de entre 3 y 5 años participó en un programa de "enriquecimiento ambiental" que incluyó una dieta enriquecida con pescado, ejercicio y estimulación cognitiva. Veinte años después, la tasa de criminalidad en el grupo había disminuido un 35%.




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