«Estoy condenada a vivir con el móvil encendido y puesto debajo de la almohada». Remedios Román ya no puede más. En sólo dos años el restaurante que regenta en Pulianas ha sufrido once robos; el primero, a los tres meses de la inauguración.
En el último asalto, la madrugada del domingo al lunes, los ladrones se llevaron del bar Remi la caja registradora, alcohol, tabaco y varios jamones. A las pérdidas en género hay que sumar la cuantía del mobiliario que han destrozado, ya que rompieron la persiana metálica de acceso al local.
Recomponerse de los once asaltos que acumula le ha costado cerca de 60.000 euros. Y es que los agentes no han logrado esclarecer ninguno de los robos que ha sufrido. «Tengo mucha impotencia», asegura esta mujer de 55 años que lleva toda la vida dedicada a la hostelería. Pero en su anterior negocio, un bar en pleno barrio chino de Barcelona, «nunca sufrí un robo», recuerda.
Todo lo contrario de lo que le está ocurriendo en Pulianas, donde los ladrones se han llevado ya tres televisores de plasma que ha ido reponiendo robo tras robo. El local está en una zona residencial «de gente trabajadora», en los bajos de un bloque y rodeado de otros edificios.
Blindaje contra los 'cacos'
Con apenas 100 metros cuadrados, el restaurante Remi está completamente blindado contra los cacos. Dispone de dos alarmas y una cámara de seguridad. Sin embargo, ni siquiera estos sistemas logran disuadir a los ladrones. El robo anterior al sufrido ayer de madrugada ocurrió en febrero.


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