El acuerdo alcanzado el miércoles vincula a 111 países a prohibir la munición de racimo: las pequeñas bombas que se salen de proyectiles de artillería o de bombas de mayor tamaño que explotan como minas.
La campaña para prohibirlas, como la de las minas terrestres hace una década, ha sido apasionada. Sus oponentes han expresado su ira por la naturaleza indiscriminada de estas armas, que suelen permanecer enterradas sin explotar durante meses o años hasta que alguien las pisa accidentalmente, niños en muchas ocasiones.
Pero Estados Unidos, China y Rusia no se han unido al tratado, mientras que Reino Unido y otros países de la OTAN han sido firmes partidarios. Además el tratado tiene cláusulas que permiten a las tropas de un país signatario beneficiarse de un aliado, como Washington, que sí las utilice.
'Este es un tratado completamente sólido que va a ilegalizar una munición letal', dijo Mark Garlasco, analista de Human Rights Watch, al mostrar su satisfacción de lo que consideró un resultado fructífero de 10 días de negociaciones en la capital irlandesa.
'Esto va a ilegalizar al 99,9 por ciento de las municiones de racimo que hay ahí fuera (...) lo que estigmatizará el arma incluso para los países que no lo firmen'.
A pesar de esta señal de confianza, Garlasco y otros activistas reconocen que el tratado, que tendrá que ser firmado en Oslo en diciembre, tiene cláusulas que debilitan su impacto, dejándole un peso moral significativo pero menos sustancia.
Por ejemplo, el artículo 21 del acuerdo permitiría a las tropas británicas pedir apoyo aéreo estadounidense - que incluiría aviones que pueden lanzar estas bombas.
'Aunque Estados Unidos admite las preocupaciones humanitarias de los de Dublín, las municiones de racimo han demostrado su utilidad militar', dijo el miércoles el portavoz del Departamento de Estado Tom Casey, que añadió que unirse a la prohibición pondría en riesgo la vida de soldados estadounidenses.
Israel, que las utilizó ampliamente durante la guerra de 2006 con Hezbolá en el sur de Líbano, ha reiterado que va a seguir usándolas. India y Pakistán son otras dos ausencias importantes.
'Es como un queso gruyere: está lleno de agujeros' dijo Nigel Inkster, analista del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres. 'Si creen que una persona con una amenaza muy real delante de ella, una amenaza que se aliviaría con el uso de bombas de racimo, no las va a usar (...) es inconcebible'.
/Por Luke Baker/


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