«La anorexia estalló hace unos años como problema, se estableció como enfermedad y se atajó. Pero con la vigorexia no hay concienciación ni control, y ya se están dando las primeras muertes por este trastorno». La voz de alarma la da el subdirector de la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad San Jorge de Zaragoza, el valenciano Carlos Fanjul.
Precisamente, Fanjul centró su tesis doctoral en este problema, y realizó un trabajo de campo en cinco gimnasios de Valencia en 2007 con 195 encuestas. Los resultados arrojan que un 22% de los jóvenes de 16 a 25 años que van al gimnasio confiesa tomar sustancias ilegales, y otro 20% se plantea hacerlo.
La llegada del verano dispara el consumo. «Hay chavales que las toman desde mayo, y repiten al año siguiente».
Tráfico en gimnasios y por la red
Internet y los gimnasios se han convertido en los principales proveedores de pastillas e inyecciones para muscularse en poco tiempo. Personas sin control sanitario ni conocimientos médicos prescriben sustancias que pueden resultar muy peligrosas. «Los gimnasios lo niegan, pero a veces lo hacen los propios monitores. Mi experiencia es que no se controla», dice Fanjul.
Músculo y drogas
Perfiles de vigoréxicos Uno es el del profesional controlado por un médico, y el otro el del chaval que busca un ‘cuerpo 10'.
Modelo El 29% de los usuarios de gimnasios valencianos quiere parecerse a un modelo culturista.
Precios Las drogas ilegales (pastillas o inyecciones) cuestan de 200 a 300 euros por ciclo, y se toman más o menos cada tres meses.
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