El mandatario, durante la apertura de un foro en Río de Janeiro, agregó que el desarrollo de la región amazónica de su país será el debate de los próximos años en Brasil.
Lula consideró 'gracioso' que países desarrollados, acusados de producir la mayor contaminación del mundo, quieran hablar sobre la preservación de la Amazonía.
'El mundo necesita entender que la Amazonía brasileña tiene dueño y el dueño es el pueblo brasileño. Son los recolectores de caucho, pescadores y nosotros que somos brasileños', agregó.
La reciente renuncia de la militante defensora de la selva amazónica Marina Silva como ministra de Medio Ambiente de Lula volvió a desatar comentarios, a nivel internacional, sobre la capacidad de Brasil de cuidar sólo del mayor pulmón del mundo.
El tema también volvió a la actualidad en Brasil, donde existe una polémica sobre el equilibrio entre la preservación de la Amazonía y el desarrollo de la agroindustria.
Lula quiso subrayar el lunes que la cuestión ambiental, encima de la mesa por el calentamiento global, es un desafío para todo el mundo y afirmó que el Protocolo de Kioto, que buscó establecer límites a la emisión de gases de efecto invernadero, 'ya fracasó'.
'Fue muy bonito firmar, maravilloso, pero quien tenía que tomar medidas para cumplirlo no lo refrendó', dijo Lula, en una referencia directa a Estados Unidos, señalado como el mayor contaminador del mundo.
El presidente también reiteró que el programa brasileño de biocombustibles, fundamentalmente apoyado en la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, es una alternativa para la reducción de la emisión de gases en el planeta.
'Nosotros estamos ofreciendo al mundo un combustible que no es contaminante (...) Vamos a convencer al mundo de que el etanol puede ayudar a la reducción de la contaminación, en la crisis energética y en la (contención de la) inflación', afirmó.
Brasil es el mayor exportador global de etanol derivado de la caña de azúcar, que se usa en el país como combustible para vehículos automotores y mezclado en toda la gasolina.
Pero el país lucha para contrarrestar las críticas de que la producción de biocombustibles es en parte responsable del alza de los alimentos y una amenaza para la Amazonía, hacia donde la caña de azúcar empujaría a otros cultivos, según los ecologistas.


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