'Deberíamos intentar que los niños permanezcan en un ambiente familiar como prioridad, y no en instituciones', dijo Anne-Claire Dufay, responsable de protección infantil de UNICEF en la antigua Birmania, a Reuters en una entrevista el lunes.
'Deberíamos intentar que permanezcan en su comunidad, antes de que podamos buscar familias, deberíamos poder colocar a los niños en familias que cuiden de ellos temporalmente. Ese es el mensaje que estamos enviando', dijo.
La Junta dijo la semana pasada que construiría orfanatos en Labutta y Pyapon, dos de las zonas más afectadas del delta del Irrawaddy, donde el ciclón del 2 de mayo dejó 134.000 muertos o desaparecidos y otros 2,4 millones desamparados.
En un intento por cambiar esta política, el director de UNICEF en Asia, Anupama Rao Singh, acudió en persona el lunes a hablar con el ministro de Asuntos Sociales, el general Maung Maung Swe.
Pese a las restricciones gubernamentales a la entrada de cooperantes, la ONU estima que al menos 2.000 niños han perdido a ambos progenitores.
En Labutta, 282 niños fueron apartados de sus familias, y de ellos 50 no tienen familia conocida, dijo UNICEF.
Su historia se repite en todo el delta, donde - como con el tsunami de 2004 - los niños supusieron un número desproporcionado de los muertos porque no pudieron trepar a los árboles o edificios.
Ya antes del ciclón Nargis, la situación para los niños de Myanmar era difícil. La tasa de mortalidad infantil - 76 por cada 1.000 nacimientos - está entre las más elevadas de Asia y la ONU dice que uno de cada tres bebés está desnutrido.
Uno de los pocos puntos positivos de décadas de control militar y aislamiento internacional ha sido la protección de los más jóvenes de las redes de tráfico infantil que operan en otros lugares del sudeste asiático.
'Si hay un área en Myanmar donde se puede decir que el Gobierno ha dado pasos positivos, ése es el trafico de niños', dijo Dufay.
Mientras la ayuda llega con cuentagotas, Dufay dijo que el Nargis afectaría a las familias en los próximos meses, ya que la pobreza ha forzado a los niños a dejar su casa en busca de trabajo, causando la llamada 'segunda separación'.
Como el resto de organismos internacionales de ayuda, UNICEF ha tenido problemas para acceder al delta, aunque dijo que había tenido la suficiente suerte como para tener suministros de emergencia apilados en la zona.


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