El campo argentino anunció que a partir del miércoles suspenderá la protesta, que amenazaba con paralizar las exportaciones de uno de los mayores proveedores mundiales de alimentos.
Con ello 'se volverá a una Argentina normalizada, sin piquetes ni cortes de ruta, lo cual permitirá que haya una reunión con las entidades del campo, mañana mismo o a lo sumo el jueves', dijo una fuente oficial citada por la agencia estatal Télam.
El fin de la protesta era el requisito pedido por el Gobierno para sentarse a negociar con el sector agrario, que reclama cambios en un sistema móvil de impuestos a las exportaciones de granos que implicó de hecho un alza en el gravamen que paga la soja, el principal cultivo del país.
'Se puede pensar que hay condiciones para que esta semana, a partir de mañana, estemos discutiendo básicamente el tema de retenciones (impuestos a las exportaciones)', dijo a una radio local Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria Argentina, una de las cuatro asociaciones rurales en huelga.
'Estos días son clave', dijo a Reuters una fuente de una las entidades del campo.
Aclaró que técnicamente se habría encontrado una solución al reclamo tributario mediante un techo para los impuestos móviles - que suben si sube el precio de los granos - lo que restablecería la actividad de los mercados a futuros y otorgaría mayor rentabilidad a los productores.
Por la tarde, un tibio intento de la dividida oposición argentina de participar del conflicto terminó sin éxito cuando la sesión de la Cámara de Diputados llamada para derogar el sistema de impuestos móviles a los granos no se pudo desarrollar por falta de quórum.
PROTESTA POR IMPUESTOS
Los roces comenzaron en marzo, cuando el campo respondió con una feroz huelga de tres semanas al nuevo impuesto propuesto por el Gobierno de la presidenta Cristina Fernández, quien vio caer su popularidad a medida que la pelea con el campo se extendía.
La protesta de marzo generó desabastecimiento de alimentos en las mayores ciudades del país e inició una crisis para la gestión de Fernández de Kirchner, que provocó la renuncia del entonces ministro de Economía Martín Lousteau.
Tras un mes de negociaciones infructuosas, los productores volvieron a la huelga el 8 de mayo, pero el costo político para la mandataria y las presiones crecientes de empresarios, la Iglesia Católica, y algunos gobernadores provinciales llevaron a los representantes del campo a retomar el diálogo.
Además, diversas encuestas mostraron recientemente el cansancio de la sociedad argentina por la prolongación del enfrentamiento, que paralizó el comercio en el interior del país y generó incertidumbre en los mercados financieros locales.
/Por Nicolás Misculin/.*.


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