Siempre jugaba con los mismos números en un bar de la localidad pontevedresa de La Cañiza, junto a otro amigo empresario.
El premio les tocó el sábado y Marcelino lo celebró con sus clientes habituales, regalándoles toda la carne de su comercio. Ha decidido dejar su trabajo para dedicarse en exclusiva a cuidar de sus dos bueyes, a los que dice querer como a dos hijos.
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