Inconformista y contestatario insobornable con los tiempos que le han tocado vivir, para unos; o un arrogante problemático según otros. El actor y director Sean Penn, que presidirá el jurado oficial de la 61 edición del Festival de Cine de Cannes, se ha convertido también en un personaje amado y odiado por sus compromisos más allá del cine.
Ganador del Oscar por la estupenda Mystic River, de Clint Eastwood, el público le reconoce esencialmente por su faceta de actor. Sin embargo, Sean Penn se muestra muy contundente cuando le preguntan por sus preferencias: "Me puedo permitir dirigir una película cada cinco años. Entretanto me alquilo como actor".
Para Sean Penn actuar es simplemente un trabajo, mientras que dirigir, a pesar del estrés que conlleva, es donde reside el verdadero estímulo.
Entre hermanos
Y sus películas tras las cámaras no suelen ser precisamente de las que prometen arrasar en taquilla. "No busco ganar dinero o ser famoso. Necesito historias que puedan enriquecerme y personajes que reflejen cosas que me parezcan interesantes", ha declarado más de una vez.
Extraños vínculos de sangre (The Indian Runner, 1991) fue su debut como director.
Una puesta al día de Caín y Abel. En esta ocasión los dos hermanos son un sheriff (David Morse) atormentado por matar a un hombre en defensa propia, y un veterano de Vietnam de naturaleza violenta, interpretado por un Viggo Mortensen que demuestra que el David Cronenberg de Promesas del Este no fue el único director en llenarlo de tatuajes.
Superación y perdón

En cine, sus maestros son el naturalismo y la autenticidad de John Cassavettes; la sequedad y dureza de un Sam Peckinpah o Clint Eastwood, "de las pocas leyendas de Hollywood que no es una decepción", ha llegado a declarar. Precisamente un Eastwood que presenta a competición en Cannes su nueva película Changeling.
El segundo filme como realizador de Sean Penn fue Cruzando la oscuridad (Crossing the Guard, 1995), o el cara a cara entre dos hombres también atormentados.
John acaba de salir de prisión (nuevamente David Morse) después de atropellar mortalmente a una niña. Freddy (su admirado Jack Nicholson) es el padre de la joven fallecida, decidido a vengarse del tipo que le destrozó la vida. El perdón o la superación del dolor fluyen como elementos necesarios para imponerse al trágico suceso.
Obsesiones
Lo que le va son los personajes de psicología compleja y torturada, una historia seca y directa, cocida a fuego lento y enmarcada en una América poco complaciente y de parajes desolados.
Así, en su tercera película, El Juramento (The Pledge, 2001), basada en la novela del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt, volvió a contar con su actor predilecto, Jack Nicholson, para meterlo en la piel de un policía a punto de jubilarse que se obsesionará con hallar a un asesino de niñas.
Después participaría en uno de los episodios del filme colectivo 11'09"01 .
Naturaleza y libertad

Otra de sus grandes pasiones son los libros. Por ello le encanta escribir. Antes lo hacia mezclándolo con alcohol, pero una vez superada su adicción, hace ya años, ahora escribe a golpe de un cigarrillo tras otro.
Su cuarta película, Hacia rutas salvajes (Into the Wild, 2007), adapta la novela de John Krakauer sobre un joven de 22 años que abandonará una vida confortable y un futuro prometedor para irse en busca de aventuras, en pleno contacto con la naturaleza en los parajes más inhóspitos de Alaska.
Protagonizada por Emile Hirsch, tardó diez años en poder rodarla. Lo primero que le atrajo del libro, convertido en un símbolo de libertad para miles de jóvenes, fue la poesía tan fatídica como atrayente que emanaba de su cubierta: una fotografía en blanco y negro de un autobús medio cubierto por la nieve.
El ser humano en contacto con la naturaleza, sin llegar a dominarla.













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