Mujeres con pañuelos blancos en la cabeza lloraban y tocaban algunos de los 610 ataúdes tapados con una tela verde alineados bajo un cielo gris en el cementerio Potocari, cerca de Srebrenica.
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Los fallecidos han estado durante años escondidos en fosas comunes donde fueron arrojados por las tropas serbias en julio de 1995 después de la masacre sistemática de 8.000 hombres y niños musulmanes desarmados apresados de un lugar que supuestamente debía ser un 'área segura' protegida por la ONU.
'Srebrenica fue el fracaso de la OTAN, de Occidente, de la pacificación y de las Naciones Unidas. Fue la tragedia que nunca se debería permitir que sucediera de nuevo', dijo el ex enviado estadounidense para los Balcanes Richard Holbrooke.
Un mensaje del secretario general de la ONU, Kofi Annan, repitió que Srebrenica perseguiría al organismo mundial de por vida. Unos 400 soldados holandeses débilmente armados que protegían a los musulmanes de Srebrenica fueron apartados por las fuerzas serbobosnias mientras la ONU rechazaba los llamamientos a ataques aéreos de la OTAN para evitar su avance.
'Las víctimas pusieron su confianza en la protección internacional. Pero nosotros, la comunidad internacional, les decepcionamos', dijo un mensaje del jefe de política Exterior de la Unión Europea, Javier Solana. 'Fue un fracaso colosal, colectivo y vergonzoso'.
MÁS ESPERAN SER ENTERRADOS
Pero la evidencia de la masacre ha tenido poco impacto en aquellos serbios que insisten en que cualquier muerte fue simplemente un duro hecho de la guerra, o un justificable acto de venganza, o lo niegan categóricamente.
El presidente serbio, Boris Tadic, acudió al acto, aunque algunos musulmanes dijeron que no sería bienvenido y algunos serbios de línea dura indicaron que no debería asistir, diciendo que debería ir a las ceremonias rivales por los serbios muertos esta semana.
La masacre, perpetrada en los últimos dos meses de una guerra de 43 meses, pretendía asegurar que no hubiera musulmanes para luchar de nuevo o reivindicar en el futuro la tierra y los hogares ocupados por los serbios.
El comandante del ejército serbobosnio Ratko Mladic y el 'presidente' del estado rebelde, Radovan Karadzic, fueron acusados de genocidio. Sin embargo, para ira de los bosnios y el bochorno de las potencias occidentales que intervinieron tarde para detener una guerra que se cobró 200.000 vidas, ambos continúan huidos.
Hoy Srebrenica es una ciudad dolida, medio vacía en la 'Republika Srpska', o República Serbia de la mitad de Bosnia, que el año pasado tuvo que ser obligada a reconocer la masacre y admitir su responsabilidad en ella.
Los funerales del lunes aumentarán en unas 2.000 el número de tumbas en el cementerio de Potocari. Pero otras 7.000 bolsas mortuorias tienen que ser aún analizadas mediante análisis de ADN y aún quedan por exhumar 20 fosas comunes.
/Por Daria Sito-Sucic y Maja Zuvela/


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