Cuando el jefe del Departamento de Policía de Houston oyó la historia no podía creérsela y no es para menos: tres jóvenes habían profanado la tumba de un niño fallecido en 1921, habían arrancado la cabeza del cadáver, se la habían llevado y la habían usado como 'pipa' para fumar marihuana.
Los jóvenes han sido cazados por la policía cuando los agentes detuvieron a uno de ellos con un coche robado, éste les contó la truculenta historia del cementerio, pero en un principio pensaron que les estaba contando "un cuento" para distraerles del tema del robo del coche.
No obstante, iniciaron una investigación al respecto y, según palabras literales de los agentes, uno de los detenidos "vomitó en cuanto le preguntamos por el asunto y en ese momento empezamos a sospechar que había algo de cierto en todo aquello".


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