'No soy un monstruo', afirmó Fritzl en el diario austríaco Oesterreich, que dijo reproducir declaraciones suministradas por su abogado Rudolf Mayer.
El hombre de 73 años también criticó a los medios por la cobertura de su caso como 'totalmente imparcial'.
En 1984, engañó a su hija Elisabeth para que entrara en un sótano en su casa en el pueblo de Amstetten, en el este del país, y la encerró tras drogarla. Fritzl afirmó que ella huyó para unirse a una secta.
Tres de los hijos de Elisabeth fueron criados por Fritzl y su esposa Rosemarie tras explicar que su hija los había dejado con una carta en la que decía que no podía encargarse de ellos.
Otros tres permanecieron encerrados con su madre en el sótano sin ventanas. Un séptimo niño murió poco después de haber nacido.
El caso salió a la luz pública cuando la mayor de los hijos de la incestuosa relación, una joven de 19 años, sufrió una grave enfermedad y tuvo que ser hospitalizada de urgencia hace dos semanas.
La joven permanece en estado de coma inducido y necesita respiración artificial, según su médico.
'Sin mí (ella) no seguiría viva (...) Yo fui quien se aseguró que fuera llevada al hospital', dijo Fritzl, quien también tiene siete hijos con su esposa Rosemarie.
'Podría haberles matado a todos, entonces nada habría pasado. Nadie jamás se habría enterado', agregó.
Fritzl permanece en prisión preventiva en la ciudad de St. Pölten.*.


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