l fiscal pide para el acusado 151 años de cárcel y una indemnización de tres millones de euros para los familiares de las víctimas. Por contra, el abogado de Galán pide su absolución.
El acusado llegó al tribunal esposado y luciendo una gorra que ocultaba su rostro, atuendo que mantuvo en todo momento. Al iniciarse la vista, se negó a responder a las preguntas del fiscal y de los abogados de las acusaciones particulares, por lo que sólo se leyeron las declaraciones que Galán hizo cuando se entregó, en julio de 2003 en Puertollano (Ciudad Real). En ellas, realizadas el 5 y el 6 de julio, admitió haber cometido los crímenes. Dos meses después, en cambio, se deshizo de sus declaraciones y aseguró que los asesinos eran dos skin heads. Éstos le contaron todos los pormenores de los crímenes y, según Galán, le obligaron a autoinculparse bajo la amenaza de matar a sus dos hermanas.
El juicio se reanudará mañana a las 10 horas en la Audiencia con las declaraciones de varios testigos.
Seis crímenes en sólo tres meses
Las claves de un macabro juego de copas
Las víctimas: El 24 de enero de 2003 disparó a la cabeza de Francisco Ledesma, portero en la calle Alonso Cano. El 5 de febrero mató a Juan Carlos Martín en una parada de autobús de la Alameda de Osuna. Por la tarde hirió a la dueña de un bar de Alcalá de Henares y mató al hijo de ésta y a una cliente. El 7 de marzo hirió en Tres Cantos a un joven ecuatoriano y no mató a su novia «porque se me encasquilló el arma». El 18 de marzo asesinó a un matrimonio rumano en Arganda.
La baraja: Sólo puso naipes (el as, dos, tres y cuatro de copas) sobre el cuerpo de cuatro de las víctimas para «despistar a la Policía».
El arma: Utilizó una Tokarev rusa de 7,6 mm. La compró por 400 euros en Bosnia, cuando estaba destinado como cabo del Ejército. El arma aún no ha sido encontrada.
Por qué lo hizo: En su primera declaración, ante un juez de Puertollano, aseguró que eligió a sus víctimas al azar y que lo hizo para «experimentar la sensación de quitar la vida a un ser humano». También ha afirmado que su primera víctima iba a ser una empleada de Correos, pero no encontró el momento para hacerlo.
Amenazado: Galán asegura que dos cabezas rapadas le obligaron a atribuirse los asesinatos «o si no dejaban el 5 y el 6 de copas sobre los cuerpos de mis hermanas». Señaló que vendió la pistola a uno de ellos.
Narcisista y sádico: Los psiquiatras que lo han examinado sostienen que Galán no es un enfermo mental y que, aunque padece un trastorno de la personalidad, distingue el bien del mal. Lo describen como narcisista, sádico y megalómano.


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