Medvedev, un ex abogado corporativo de 42 años y aliado de Putin desde hace tiempo, hizo hincapié en la libertad y en el estado de Derecho en sus primeras declaraciones tras jurar el cargo y recibir la cadena de oro de águilas bicéfalas que simboliza la presidencia.
'Creo que mi objetivo más importante será proteger las libertades civiles y económicas', dijo a los 2.000 asistentes a la toma de posesión, retransmitida en directo en televisión desde el resplandeciente salón de San Andrés del Kremlin.
'Debemos luchar por un verdadero respeto de la ley y superar el nihilismo legal, que daña seriamente el desarrollo moderno', agregó.
Poco después, el Gobierno encabezado por el primer ministro Viktor Zubkov siguió el protocolo presentando la dimisión, lo que abre el camino para que Medvedev designe a Putin como nuevo primer ministro.
El nuevo presidente, que llegó al Kremlin solo, en una limusina Mercedes negra blindada y flanqueado por once motoristas, hereda una economía floreciente alimentada por los altos precios del petróleo, pero también tiene ante sí una serie de retos.
Entre ellos están una corrupción rampante, una inflación en auge, la reducción en la población, una industria y una agricultura enfermas, y unas relaciones cada vez más tensas con las ex repúblicas soviéticas y Occidente.
Putin también ha sido acusado por críticos locales y gobiernos extranjeros de pisotear los derechos humanos y limitar las libertades democráticas.
ADIÓS DE PUTIN
Antes de que Medvedev jurara el cargo, un Putin de aspecto sombrío entró solo en el Kremlin, dijo adiós a la guardia presidencial y agradeció al pueblo ruso su confianza y apoyo durante sus ocho años en el cargo.
Ya que la ley le prohíbe presentarse de nuevo, alentó a la audiencia a apoyar a Medvedev pero también les dijo que no se desviaran de sus políticas.
'Es muy importante que todos continuemos el curso que hemos comenzado ya, y que ha demostrado ser correcto', dijo.
Tras la ceremonia, el patriarca Alexiy II, jefe de la poderosa Iglesia Ortodoxa Rusa, celebró un servicio religioso en la Catedral de la Anunciación, en el recinto del Kremlin, para bendecir al nuevo presidente, que luego recibió los códigos que controlan las armas nucleares del país.
Putin nombró a Medvedev como su sucesor el pasado mes de diciembre, asegurando su victoria abrumadora en las elecciones de marzo. Ambos han trabajado juntos desde principios de los 90.
El ex espía del KGB retendrá una gran influencia política, tanto en su papel de primer ministro como en su papel de presidente del partido Rusia Unida, que controla el Parlamento. Además es con diferencia el político más popular de Rusia.
Putin ha dicho que no cree que haya problemas trabajando con Medvedev, con quien dice que comparte la visión sobre el futuro de Rusia, pero su gobierno bicéfalo preocupa a muchos rusos, acostumbrados a un único líder fuerte.
Los analistas esperan las primeras designaciones del presidente para saber si seguirá su camino o se apoyará en los aliados de Putin.
/Por Oleg Shchedrov y Michael Stott/


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