Incontables suplementos de revistas han mostrado a los estudiantes vestidos a la moda lanzando piedras enfrentándose a la policía, y las emisoras de radio han puesto una y otra vez las crónicas en directo que llevaron los disturbios directamente a los hogares franceses.
Los debates de televisión se han llenado de partidarios que dicen que las protestas del 68 ayudaron a liberar una sociedad aferrada al pasado contra los críticos que dicen que socavaron instituciones fundamentales y abrieron el camino a la descomposición social.
Para algunos todo ello ha sido demasiado. Daniel Cohn-Bendit, el indiscutible héroe del movimiento, denominó un reciente libro de entrevistas sobre el asunto 'Olvidar el 68'.
'Toda conmemoración es estúpida', dijo Andre Glucksmann, otro destacado miembro de la generación del 68 a Reuters. 'O glorificas mayo del 68 o se lo vitupera'.
Iniciado por una disputa sobre los derechos de visita a un dormitorio estudiantil femenino, las protestas sobre las reformas universitarias y unas libertades personales más amplias llevó a tres semanas de disturbios y sentadas en las calles alrededor de la principal universidad de París, la Sorbona.
La crisis, que se convirtió en una huelga general que paralizó el país, fue tan seria que el presidente Charles de Gaulle se aseguró que el Ejército estaría disponible para intervenir si fuera necesario.
Mantenida viva por la perenne fascinación francesa con la revolución y las protestas callejeras, los acontecimientos han dividido al país desde entonces.
Detrás de la confrontación, el humor surrealista e idealismo de los estudiantes siguen siendo la imagen más fuerte de las protestas de 1968.
Oponiéndose por igual al conservadurismo de De Gaulle y a un Partido Comunista al que atacaron por 'estalinista', los estudiantes buscaban algo que la política tradicional no ofrecía, dijo Glucksmann.
'Fue muy feliz, muy alegre', sostuvo. 'Pero para mí, no se trataba del disfrute, era, por encima de todo, una búsqueda de la verdad, y cuado uno descubre la verdad, es sorprendente, es gozosa', agregó.
Pero muchos conservadores dicen que la imagen desenfadada de las protestas jóvenes escondieron una falta de respeto por las instituciones sociales que ha extendido males que abarcan desde altas tasas de divorcio a los disturbios violentos que en 2005 afectaron los pobres suburbios multiétnicos de Francia.
/Por James Mackenzie/


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