Michael Cartwright, un taxista de Darlington de 35 años de edad, estaba ayer con un grupo de amigos bebiendo tranquilamente en un pub, cuando vio la cara de Jesús en su botella de sidra.
"Cuando lo vi se me puso la carne de gallina. No tuve ninguna duda que se trataba de la cara de Jesús. Aún
puede verse su barba y pelo" declaró el taxista.
"No estoy seguro de qué mensaje estaba enviando Jesús, y tal vez nunca lo sabremos", concluyó el sr. Cartwright, que lamenta no haber conservado la botella.


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